Por: Juan Diego Perdomo Alaba y Evelyn Sofía Díaz Leal

"Compa, pilas que ya abrieron Indiana", exclamó un hombre que salía de trabajar de un edificio en construcción. Rió por algo que le dijeron al otro lado del teléfono y continuó su camino hablando de otro tema.

Sucedió el pasado martes 1 de septiembre, día establecido por el gobierno nacional para el inicio del 'Aislamiento selectivo', y la reapertura de los sectores económicos que aún se encontraban cerrados debido a la pandemia por el covid-19. 

El presidente Iván Duque declaró la cuarentena en el país el pasado mes de marzo, fecha en la que el gremio de hospedajes, moteles, bares y discotecas cerró sus puertas al público.

El día cero para los moteles 

En carro particular, taxi, a pie, moto y hasta en bicitaxi entran los enamorados y amantes. Esporádicos, titulares, temporales, momentáneos, permanentes. O arrocitos en bajo. O amores de cuarentena, de esos que se hicieron esperar. No importa el título que tengan, lo que vale para los moteles en Cartagena, tras la para de casi 6 meses, -pues fueron los primeros en cerrar- es que los clientes regresen y llenen el 50 por ciento de las habitaciones disponibles. Sí, sólo la mitad de su espacio habitacional, por protocolos de bioseguridad. Nada de tríos ni habitaciones múltiples ni jacuzzis ni cervezas o servicio de bar. Al entrar solo se ven muchos televisores proyectando porno, tapetes de desinfeccion en la entrada de cada pasillo, señaletica en puertas, paredes y ventanales advirtiendo mantener las medidas de autocuidado, y estantes de alcohol y gel antibacterial. 

En las entrañas de un motel poscuarentena

Los rostros de las camareras están más escondidos que como de costumbre. Usan unos trajes blancos de bioseguridad antifluidos que las protegen y que les dan más anonimato de lo normal. Parecen calurosos e incómodos, pero "es más incómodo no tener para pagar la comida y las facturas que nunca dejan de llegar", expresó una de ellas. Además usan caretas de policarbonato trasparentes y debajo, su respectivo tapaboca. Todas, muy juiciosas, entran y salen de las habitaciones con sus utensilios de aseo, emocionadas de volver al trabajo que les quitó este bicho esquizofrénico que aún no se ha ido. "Todas regresaron", aseguró la administradora del lugar. Tiene tres turnos de 12 personas, pues el motel, como todos los del sector, funcionan las 24 horas. 

En las entrañas de un motel poscuarentena

Los taxistas también volvieron, ya se parquean a las afueras de Indiana, en una especie de estación improvisada. También en 'Chan chu chi', Sántaros o El Castillo. Esperan el llamado porque saben que esos 'servicios especiales' les "acomoda el día". Saben que se exponen y aunque tomen prevenciones, deben salir al combate de la nueva realidad, de esta 'nueva normalidad'.

Algunos de los clientes que regresaron al motel llevaban toda la cuarentena sin tener sexo, o sin tenerlo con alguien en específico; otros solucionaron en el carro, patio, en su casa a escondidas o a regañadientes; en la de un amigo o en cualquier lugar o rincón improvisado. Ya por ahí en redes ofrecían habitaciones improvisadas y surgió incipiente la 'paramotelería', pues la demanda era importante y no había oferta desde la legalidad, pues tardaba el decreto de su reapertura. El anhelo desenfrenado de un buen sexo no da espera. A otros les tocó conformarse con llamadas, conversaciones o imágenes vía WhatsApp. Lo cierto es que muchos contaban los días para consumar su placer pendiente, por privacidad, aventura, infidelidad o simplemente por escapar de la rutina.

En las entrañas de un motel poscuarentena

La timidez del primer día 

Cuenta la administradora de Indiana que el martes 1 de septiembre abrieron a las 10 de la mañana. El primer carro entró a las 11. La emoción y la ansiedad eran como cuando se espera en el aeropuerto a la enamorada que hace rato no se ve. 'Bajar bandera' después de tantos meses sin recibir un solo peso es para todos, dueños, administradores y empleados, una verdadera bendición. Antes de la reapertura, ese mismo día en la mañana, llegaron funcionarios de la alcaldía, bomberos y efectivos de la policía a realizar una visita de inspección para constatar que todo estuviera en regla, en orden y a punto para la reapertura. Entraron 40 parejas ese día. Antes de la pandemia, el promedio era de 100 a 120 entre semana. El miércoles a las 7 y 30 de la noche ya habían entrado 80. Y la cosa ya iba tomando visos de normalidad. Ese motel, de los más grandes de la ciudad, tiene 97 habitaciones. Y más recovecos que la Necrópolis de Guiza.

En las entrañas de un motel poscuarentena
Bar Indiana (Sin usar)

Se acerca Amor y amistad, fecha ligada al uso de moteles y residencias. Los administradores de estos establecimientos necesitan liquidez para saldar deudas y pagar proveedores, la fecha les favorece. Los empleados respiran profundo y miran con optimismo los siempre costosos 'bre' que arrancaron esta semana. Y los enamorados...Ya tienen nidito de amor donde llegar seguros. Todo sea por el bien común.

En las entrañas de un motel poscuarentena

 

Redacción La Chiva
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