fbpx
Inicio Crónicas Silencio de peste

Silencio de peste

Silencio de peste
Silencio de peste

Por: Juan Diego Perdomo Alaba

Releyendo 'La Peste', del novelista argelino Albert Camus, se encuentra uno con muchas similitudes que conectan con el contexto actual de esta pandemia voraz. El confinamiento obligatorio, el distanciamiento social, la incertidumbre; esa sirena de la muerte que recorre silente las calles vacías de esta siempre sórdida e ínclita ciudad hostil que jamás duerme. La indisciplina social, el egoísmo, la locura; pero al mismo tiempo esos destellos de humanidad y compasión, de solidaridad exacerbada en época de crisis colectiva, esa que nos llena de esperanza y demuestra que no todo está perdido.

Los acuartelamientos obligados no me son ajenos, tampoco las cuarentenas. Disfruto prudente del aislamiento voluntario en casa, de la soledad acompañada. Resulta curioso ver que tantos acusen estar aburridos y 'deparchados' sin darse cuenta que el ocio de alguna forma hace parte de sus vidas, por más vida social que tengan. Rarezas del ser humano, siempre en el círculo vicioso de una paradoja constante.

Confieso que salí a la calle. Me fui trotando a llevarle unos medicamentos a mi mamá y a registrar lo que ocurría afuera. Y fue extraño. La brisa estaba pura y fría. Pegaba fuerte en mi cara, no me dejaba avanzar. Jamás había visto un panorama igual. Un sábado fresco sin ruido, sin carros ni congestión. Sin el boro de la esquina con la cerveza al piso ni las estridencias de los bafles y el picó, solo el ruido ensordecedor del silencio, un silencio de peste. Uno que otro deambulando como yo, buscando ejercitarse fuera de esas cajitas de cemento donde dormimos, si es que podemos.

Puto virus cómo nos tiene, replegados y llenos de temor y congoja, rezándole al que todo lo puede ante la vulnerabilidad manifesta del que cree ser imbatible. Nos mantiene alejados. Parece que lo hiciera adrede. Dirá 'su majestad' que si no nos invade los pulmones y nos mata, lo hace por el tedio y la zozobra, la distancia social que provoca. Porque hasta el más huraño de los mortales necesita del afecto, del contacto físico, de la caricia, del abrazo, del calor humano. De una mirada compasiva. Por eso descarto esos discursos mezquinos de división que pululan por ahí quienes tanto hacen alarde de la 'política del amor'. Ahora más que nunca y pese a la distancia, necesitamos enfrentar a ese enemigo invisible unidos. Es él contra nosotros la raza humana, sin distingo ni color. De todo esto aprenderemos, no obstante. Muchas cosas van a regenerarse y otras tantas deben replantearse; definitivamente el mundo no será igual después de esta distopía que nos tomó por sorpresa, que nos zarandeó el alma. El optimismo colectivo, la inteligencia emocional y la empatía serán claves para lo que viene, para lo que venga.

ADENDA: Este martes 24 de marzo NO será el único día para aprovisionarse de alimentos y elementos de primera necesidad. Las tiendas, supermercados, abastos y droguerías no cerrarán. Un sólo miembro de la familia podrá salir cualquier día a hacer compras vitales, con las respectivas medidas de autocuidado y bioseguridad. Evitar las salidas masivas reduce el riesgo de contagio. La disciplina social es importante.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here