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Entrevista: ¿Es el IPCC un ente distante? Su directora responde

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Entrevista: ¿Es el IPCC un ente distante? Su directora responde

La directora del Instituto de Patrimonio y Cultura de Cartagena de Indias –IPCC-, Saia Vergara Jaime, es historiadora de la universidad Javeriana, tiene un master en comunicación audiovisual y es doctora en Creatividad Aplicada de la universidad Complutense de Madrid, en España. Antes de asumir el cargo en enero de este año, se desempeñaba como docente de la Universidad Jorge Tadeo Lozano. Llegó al Instituto vía su padre, el reconocido abogado y ambientalista Rafael Vergara Navarro. 

El nombramiento de Vergara sorprendió en la escena cultural cartagenera porque no estaba en el radar del sector, pocos gestores la conocían o daban cuenta de su trabajo individual o labor profesional, pues es más académica que una portadora o gestora de base. Hubo –y aún se tienen- muchas expectativas sobre su gestión al frente de una de las entidades del distrito que mayor contacto tiene con la ciudadanía, que más visibilidad mediática genera y que más deuda social tiene con su población objeto.

Cartagena de Indias es una ciudad pluriétnica rica en expresiones artísticas y culturales, con un potencial de diversidad cultural y patrimonial como pocas hay en el país debido a su estratégica posición geográfica, que permitió una particular hibridación y confluencia de diferentes aportes socioculturales que la permearon, sentado así las bases de un crisol vivo cuya magnitud a veces no apreciamos ni tenemos en cuenta al momento de analizarla y pensarla para intervenir sus múltiples conflictos. Y esta misma diversidad es, a veces, y sumado a otras variables de carácter político y administrativo, un escollo natural para la consolidación de una política pública de cultura y patrimonio que posibilite un desarrollo más fluido y planificado de los procesos culturales en la ciudad, que incluya de verdad a todos sus actores. Que sean parte activa del proceso y no unos simples validadores de papel, o como muchos denuncian, ‘convidados de piedra’.

Quienes trabajan con Saia la ven como una mujer comprometida, dinámica e intensa. Laboriosa y trabajadora. Por fuera de su entorno goza de muy buena imagen pero hay sectores por aparte que la califican de autoritaria y lejana. El periodista, gestor cultural y doctor en Educación Cledys Romero, la señala de no estar en sintonía con el ser cartagenero. Otros realizadores, músicos y gestores avalan su gestión pero a su vez hacen una crítica muy certera sobre las convocatorias de estímulos que hasta la fecha han publicado, les incomoda los tiempos tan cortos, la poca socialización y los términos. Es ahí donde se han presentado muchas quejas.

LaChiva.co se contactó con Vergara a través de su oficina de prensa y muy amablemente respondió a cada una de las preguntas que este portal le hizo con base en un trabajo de indagación previo que se realizó entre diferentes creadores, artistas y gestores del sector cultual en Cartagena.

LCh: Directora Saia Vergara. Arranquemos esta entrevista con un balance de su gestión en estos casi 5 meses al frente del IPCC.

¿Qué encontró en el Instituto, cómo y de qué manera ha suplido sus falencias administrativas y qué fortalezas ha priorizado para potenciar?

SVJ: El Instituto fue ideado con la estructura de una pequeña alcaldía, por así decirlo, que tiene que atender asuntos tan diversos que van desde la organización de las Fiestas de Independencia del 11 de noviembre y diversos festejos barriales, pasando por el control de obras, la puesta en valor y la preservación de una ciudad que es Patrimonio histórico y cultural de la humanidad hasta la administración, programación y conservación de los 21 escenarios culturales, incluida la red de 18 bibliotecas, la Plaza de Toros, el Teatrino de El Socorro y la joya de la corona, nuestro amado Teatro Adolfo Mejía. Y a la vez, en su misionalidad en términos más globales y menos operativos, el Instituto está obligado a fomentar la creación, promoción y divulgación de los procesos culturales y artísticos, pero también a formular la política pública cultural del distrito y a coordinar el sistema distrital de cultura, que es enorme y está conformado por distintas instituciones. Todo ello, con un presupuesto muy pequeñito, una planta de personal mínima y unos procesos internos de gestión muy exigentes. En este contexto, el primer reto que encontramos fue entender cómo funcionaba este lugar desde dentro, cómo hacer que los procesos que venían desarrollándose de manera adecuada tuvieran una continuidad y cómo incorporar al personal idóneo, suficiente y necesario para que coadyuvara en esa meta inicial y que nos permitiera también proyectar nuestro sello personal hacia el futuro.

Ha sido todo un reto enfrentarnos a los conflictos que hay en el sector de la cultura, que de una u otra manera, hemos heredado. Sin embargo, hemos querido comprenderlos, identificar las “zonas de dolor” a la vez que generamos acciones que contribuyan a elevar el nivel de confianza hacia una institucionalidad que le apuesta a la inclusión, a la profesionalización, al fomento del trabajo cultural, a la creación de sinergias y no al conflicto ni al enfrentamiento. Ha sido muy complejo, en algunos momentos, sentir que la institución -haga lo que haga- estará siempre bajo sospecha, pero entendemos que debemos seguir trabajando para que eso cambie.

Otra de las complejidades ha sido ver la enorme necesidad de inversión que tiene nuestra red de bibliotecas, y ahí es donde estamos concentrando gran parte de la apuesta de gestión. Queremos descentralizar y “popularizar” al Instituto, en el sentido de que se vuelva popular, que se ponga de moda, pero también en el sentido de que se sienta que es del pueblo, de la gente. Pero para ello vamos a requerir la gestión e inversión de recursos económicos y humanos de mucha calidad, y también va a exigir alianzas con otras instituciones y con empresas.

Todos estos retos, además, se han visto multiplicados con la llegada de la pandemia pues nos ha exigido una inmensa creatividad, una capacidad de escucha a la ciudadanía y una entrega absoluta en términos profesionales y personales del equipo entero, sin las cuales probablemente no habríamos podido dar una respuesta a las demandas de la gente. Nos falta mucho camino por recorrer aún pero quiero pensar que vamos por buen camino.

Desde diversos sectores de la sociedad civil cartagenera, desde hace años se viene sugiriendo la reestructuración del Instituto, sobre todo en su componente patrimonial. Siempre ha habido quejas sobre ‘roscas’, corrupción, excesiva burocracia y politización del tema cultural y patrimonial en la ciudad. ¿Qué recoge de estas posturas y qué se planea para intervenir estas inquietudes? ¿Está contemplada alguna modificación del IPCC en el proyecto de modernización administrativa del Distrito?

Esta idea la hemos escuchado en múltiples espacios y es una exigencia muy fuerte en los sectores que denuncian un “paquidermismo” institucional. Recogemos las inquietudes ciudadanas pero también las ponemos en contexto. El Instituto tiene 17 años de vida y sabemos que el mundo de ahora -y más en el pos-covid- exige una modernización, por ejemplo, en la forma como está concebido en términos de misionalidad, pero también en sus procesos administrativos que requieren mayor celeridad e incluso en la ampliación urgente de su planta de personal para ofrecer más a la ciudadanía. Es clave mencionar también que nos hemos topado en ocasiones con una concepción de lo público que excede la misión del Instituto y con unas exigencias que van más allá de lo que su presupuesto puede dar. Han existido formas de relacionarse con el Instituto que no compartimos y que estamos cambiando. A partir de nuestras acciones cotidianas y de la forma como nos comunicamos con la gente continuamente enviamos el mensaje de que todo se hace por meritocracia, que no hay privilegios, que los recursos públicos son sagrados. Todo lo anterior contribuye, de múltiples maneras, a que sea muy complejo alinear algunas expectativas ciudadanas con lo que puede y debe hacer el Instituto. Pero eso nos motiva a seguir mejorando.

Adentrándonos un poco en su gestión, ¿Cómo ha sido el diálogo con los artistas, portadores del patrimonio y gestores culturales de la ciudad y qué mecanismos de acercamiento se han implementado con ellos?

Con los artistas, gestores y hacedores culturales de la ciudad nos hemos ido conociendo de a poco. Antes que iniciara la pandemia, a la fecha de 10 de marzo, atendí 182 citas de manera presencial y el equipo del IPCC, 108. Nos reunimos con actores del ecosistema cultural, escuchamos sus inquietudes y sus propuestas. Además a las citas realizamos un encuentro con el Consejo Distrital de Cultura, que es un órgano consultivo que tiene representación de cada área artística. También organizamos con la Junta de Acción Comunal de Getsemaní unos encuentros con los artistas urbanos, grafiteros, muralistas y con la comunidad del barrio, para hablar sobre gentrificación, cuidado del patrimonio cultural y memoria colectiva.

Una vez inició la pandemia, teniendo en cuenta las restricciones para realizar reuniones y encuentros de manera presencial, organizamos más de 10 encuentros abiertos con la ciudadanía, a través de plataformas en línea. Hemos dispuesto varios canales de comunicación directa a través de los correos electrónicos oficiales, la plataforma de PQRSD disponible en nuestra página web para hacer los requerimientos de manera formal, pero también promovimos la creación de un repositorio de ideas que nos ayudara a conocer la perspectiva de las personas del sector con respecto a las alternativas que se podrían generar para mitigar el impacto de la pandemia. Así mismo realizamos una mesa virtual donde dialogamos de manera directa con artistas y gestores, sobre la situación actual del sector y las alternativas que desde el instituto podríamos adelantar para apoyar en este momento. Socializamos diferentes convocatorias y atendimos a las observaciones de la gente.  Desde que inició la pandemia hemos sacado Convocatoria de Seguridad Social para Artistas y Gestores Culturales, Estimulante 2020 Versión COVID (500 millones para 992 estímulos), Estimulante 2020 (700 millones para 181 becas y premios) y “Rompimos las cadenas. Una canción por Cartagena” (90 millones para 80 estímulos). También diseñamos un sistema muy sencillo de atención personalizada llamada “Ventanilla en línea” y una línea 01800 a través de la cual las personas del pueden solicitar y recibir asesoría personalizada en la escritura y presentación a las convocatorias, entre muchas otras acciones.

¿Tiene usted y su equipo una caracterización que permita evidenciar las debilidades y fortalezas del patrimonio y la cultura en Cartagena de Indias?

Precisamente esa fue una de las dificultades con las que nos topamos al llegar al Instituto. Emprendimos la tarea, primero, de actualizar la base de datos de artistas urbanos y artistas plásticos que laboran en el Centro Histórico, y que ya existía de administraciones anteriores, con el fin de remitirla a Espacio Público y que estas personas pudieran continuar ejerciendo su trabajo.

Con la llegada del Covid-19 logramos crear una base de datos con 2553 personas que se identificaron como artistas y gestores y la pasamos al Ministerio de Cultura con el fin de que pudieran recibir el subsidio de apoyo solidario. De igual manera creamos un formulario de caracterización en línea para artistas y gestores que al día de hoy tiene registrados 668 personas, pero que se sigue alimentando día a día. Esta caracterización nos permitirá formular estrategias para optimizar el diálogo social y económico. Pero el gran reto en términos de diagnóstico del ecosistema cultural de la ciudad que nos hemos trazado es la formulación del Plan decenal de cultura que nos va a permitir identificar cuáles son las mayores necesidades y fortalezas que tiene la ciudad en las distintas áreas artísticas para poder así trazar una ruta de acción en términos culturales, artísticos y patrimoniales para los próximos 10 años. Tenemos claro que la formulación de las políticas públicas culturales sostenibles deberá ser producto de un proceso de participación, discusión, reflexión y concertación amplio al que se sumen de manera directa los integrantes del sector cultural, así como de otros sectores como la economía, la educación, el turismo, el medio ambiente, la cooperación internacional y trabajar de la mano con el gobierno nacional y el sector privado.

Cuál es su plan para organizar a la ciudad en materia cultural y qué alternativas tiene, distintas a las propuestas en el Plan de desarrollo en la línea estratégica 8.5.

En el Programa Derechos culturales y buen gobierno hemos planteado la formulación de cuatro documentos de política pública: el Plan decenal de cultura, el Plan de bibliotecas, lectura y escritura, el Plan de comunicación cultural y la creación de la Comisión fílmica. Todo ello busca hacer una pequeña contribución para saldar la deuda histórica que se tiene con las artes y con los portadores de la cultura de nuestra ciudad.

Si ponemos el énfasis en la formulación de políticas públicas que reconozcan a las artes y la cultura como bienes públicos, de primera necesidad, y como un derecho humano creo que habremos logrado avanzar hacia la reivindicación que requiere nuestro ecosistema y que la ciudadanía exige hoy más que nunca, en tiempos donde, además, la pandemia nos ha mostrado como sociedad que por nuestra salud física, psíquica y emocional no podemos prescindir ni de las artes ni de la cultura.

El sector cultural en Cartagena manifiesta tener gran dificultad para lograr una comunicación fluida y efectiva con el IPCC, hay sectores que manifiestan verla a usted lejana y distante, hablan incluso de darle mayor importancia a las ‘sopas de letras’ en las redes sociales, en vez de compartir sus productos, ¿Qué piensa de esos comentarios?

No cabe duda de que es un comentario que denota un gran desconocimiento de todo lo que hemos estado haciendo; una opinión sesgada, desinformada y con poca profundidad que, lastimosamente, no contribuye a nada positivo en tiempos donde necesitamos estar más unidos que nunca. Si vamos a hacer un debate sobre lo lejana o cercana que está la dirección del Instituto con la ciudadanía habría que mirar las cifras y los hechos. Hemos atendido a más de 300 personas en los primeros tres meses; hemos organizado un festival que disfrutaron más de 80 mil personas con una amplísima oferta cultural y académica; hemos invertido 1280 millones de pesos en un mes y medio en Estímulos para activar el trabajo cultural; hemos abierto varias líneas de atención ciudadana; también participamos en el Comité de ayuda humanitaria en dinero de la Alcaldía aportando con nuestra gestión a un 28% del recaudo total, y apoyamos la organización de la Donatón “48 horas por Cartagena y Bolívar” en la que se recaudó más del doble de la meta. Incluso enviamos una carta al presidente Duque solicitando la adopción de cinco medidas concretas que propusimos desde el Instituto para aliviar las dificultades del sector y que fue apoyada por 52 personas y entidades, entre ellas, secretarios de cultura de otras ciudades, Fondos mixtos, reconocidos artistas y portadores de la cultura, por mencionar solo unas cuantas acciones que han redundado o pueden redundar directamente en beneficio de la gente. Esa carta hoy tiene casi 400 firmas en Change.org. Hay que aclarar que con la llegada de la pandemia, y ante la inminente cancelación de los eventos y actividades de la agenda cultural del Instituto, vimos que era esencial seguir manteniendo el contacto con la ciudadanía a través de la publicación de contenido cultural de interés para la ciudadanía y que ayudara a sobrellevar el confinamiento obligatorio. Enmarcamos nuestras publicaciones en la estrategia #MeQuedoEnCasa, donde además de juegos y una amplia oferta cultural y artística gratuita, aportamos la información sobre el COVID-19 que se estaba compartiendo desde la Alcaldía pero también creamos material propio que fomentara la solidaridad y el autocuidado físico y psicológico.

La selección de los contenidos se realiza a través de un riguroso proceso de investigación, donde el equipo se concentra en buscar material académico, artístico y cultural de calidad, siguiendo las tendencias a nivel nacional e internacional, que permita seguir promoviendo el arte y la cultura, al tiempo que se continúa trabajando en la formación de público. Se ha publicado productos culturales de artistas locales, nacionales e internacionales.

En una apuesta por contribuir al cuidado de la salud mental de la ciudadanía desde el IPCC se fomenta el consumo y la producción cultural y artística, pues estos ayudan a enfrentar la depresión, la ansiedad y el estrés, y coadyuvan en la mitigación de algunas enfermedades crónicas como la diabetes y la obesidad. A través de las diferentes publicaciones, se invita a las personas a que cuiden su salud física, mental y emocional durante esta cuarentena, manteniéndose en contacto con el arte y la cultura.

Sin embargo, desde el IPCC queremos que los artistas que entreguen sus productos para divulgación en nuestras redes sociales y plataformas recibieran una retribución económica justa por ello. Es por eso, que nace la Convocatoria Estimulante 2020 versión COVID-19 que nos permitió recibir productos culturales finalizados que harán parte de la agenda cultural del IPCC y serán publicados en diferentes canales y plataformas. De esta manera, reconocemos el esfuerzo y esmero de nuestros artistas y gestores por continuar desarrollando productos de calidad que se adapten a esta nueva circunstancia y estilo de vida por el confinamiento obligatorio.

Estamos casi a mitad de año, ¿De qué manera se desarrollará la agenda festiva que organiza IPCC teniendo en cuenta las directrices impartidas por el gobierno nacional donde sugiere que en lo que resta de año no podrá haber aglomeraciones y en qué se invertirían los recursos de las Fiestas de Independencia y demás actividades?

La agenda festiva es una de las tantas facetas que asume el Instituto en su titánica labor. La primera experiencia que tuvimos en el contexto de la pandemia fue la virtualización del Festival del dulce. Fue una experiencia increíble porque puso de manifiesto que aquello que muchas personas entienden como externo a ellas, y que es hacer la cultura, a veces se encuentra en los espacios de cotidianidad, y es allí donde existen prácticas significativas que desde el Instituto queremos hacer más visibles y darles toda la importancia que merecen.

En cuanto a las Fiestas de la Independencia del 11 de noviembre entendemos el carácter fundamental de su celebración y como buena parte del entramado de lo que llamamos ecosistema cultural de la ciudad se avoca a esta celebración. Sin embargo, habrá que ser prudentes en relación con las medidas que se vayan adoptando desde el gobierno nacional y el distrital. Lo más importante, en estos momentos, es la preservación de la vida y la comprensión de que estamos atravesando por una tragedia que no sabemos cuándo vaya a acabar. Eso no significa que hayamos estado inactivas. Por el contrario, desde el mes de abril solicitamos al Consejo Distrital de Cultura que nos ayudaran a pensar en propuestas para unas Fiestas que, definitivamente, si se hacen, serán muy distintas a lo que conocemos. Trabajar con la incertidumbre es muy complicado pero ojalá que podamos, pronto, vislumbrar un horizonte que nos permita compartir aquello en lo que hemos estado trabajando para proponer a la ciudadanía y generar un consenso en torno a lo que debe suceder este año con las Fiestas.

¿Qué conocimiento tiene de los procesos artísticos y culturales en Cartagena en los últimos 10 años y qué relación se ha establecido con los grupos o actores generadores de estos procesos? ¿Puede mencionar algunos?, ¿qué cree que se pueda rescatar? 

Esta es una ciudad riquísima en términos de expresiones artísticas y manifestaciones culturales. La nuestra, por ejemplo, es una ciudad que danza. Temo no equivocarme si digo que Cartagena es una potencia, por ejemplo, en danza afrocontemporánea y en música. También tenemos un gran talento en danzas urbanas, en teatro, en circo, en artes plásticas. Y estos artistas que, además, hacen un trabajo de base en los barrios en medio de todas las dificultades que podamos imaginar, merecen todo nuestro reconocimiento y respeto porque, muchas veces allá donde la institución no puede llegar, están ofreciendo a la gente el acceso a contenidos artísticos y culturales. Nuestros escritores, y no solo me refiero solo a la literatura también hablo del periodismo escrito, cuando logran trascender nuestras fronteras son reconocidos en el mundo entero por su preciosismo en el lenguaje, por su potencia metafórica, por la forma de narrar la realidad. Y qué decir de nuestra producción audiovisual, que viene desde hace años ganándose su lugar, a pesar de las inmensas desigualdades de oportunidades que hay en el medio. Porque, por ejemplo, es una tragedia que existiendo tanto talento local las producciones que hasta antes del Covid venían a grabar o a filmar a la ciudad no contrataran a nuestros técnicos y artistas sino que trajeran personal de fuera. Lo mismo sucede con quienes producen eventos artísticos, que tienen todas las capacidades humanas y logísticas para montar y desmontar grandes escenarios pero les toca competir con productores de otras ciudades que llegan aquí con eventos contratados fuera de Cartagena. Y qué decir de nuestros artesanos y de su capacidad de convertir las tradiciones y costumbres en piezas de colección. O los bibliotecarios y mediadores que acercan el universo a nuestros niños y jóvenes a través de los libros. Pero faltaría mencionar más, solo que no acabaría. Lo que quiero transmitir es que, desde el Instituto, tenemos absoluta claridad en que cada una de las disciplinas, espacios y emprendimientos culturales que conforman el ecosistema cultural merecen especial atención y cuidado porque hacen un trabajo valiosísimo al que no se le ha otorgado la importancia ni los presupuestos que merecen.

¿Cuál es el papel del arte en el desarrollo de una comunidad y cómo lo diferencia de otras manifestaciones culturales?

El arte y la cultura, ya lo dijo en días pasados la OMS, son esenciales para mantener una buena salud física, psíquica y emocional en el ámbito individual pero también colectivo, y ayuda a prevenir enfermedades.  Además, el acceso a las artes y a la cultura está contemplado como un derecho humano. Esta pregunta daría para escribir una tesis doctoral pero voy a resumirla con las palabras que le escribí de mi puño y letra al presidente Duque, porque es lo que siento como artista, gestora y académica que soy, y creo que no hay nada más honesto que hablar desde el corazón, desde la propia experiencia: “(...) qué pasaría si, en medio de este confinamiento desaparecieran los libros, la música, el cine, las series, en suma, los contenidos culturales y artísticos. Imagine qué sucedería si, de pronto, se esfumaran los juegos analógicos o digitales con que las niñas, los niños y familias completas se entretienen, aprenden y reafirman sus lazos afectivos. ¿Se imagina qué harían los maestros y las maestras sin los contenidos editoriales y gráficos con que reestructuran, en estos momentos, los procesos de aprendizaje de nuestra población? ¿Qué pasaría si, de súbito, en este encierro desaparecieran los recetarios, las narraciones, los bailes, las lenguas? ¿Cómo nos comunicaríamos? ¿Qué comeríamos? ¿Cómo aprenderíamos? ¿Qué transmitiríamos a las generaciones que vienen detrás? ¿Con qué alimento material y espiritual podríamos nutrirnos? Imagine que nuestro himno nacional, esa obra musical y poética que enarbola los corazones de miles de colombianos, nunca más sonara. La cultura, además de ser un derecho y un bien común, es también una necesidad básica para el sustento de la vida y para la cohesión de la sociedad. Por eso, quienes tienen el inmenso don de saber-hacer y de saber-crear, los trabajadores y trabajadoras que dedican sus vidas a preservar, cultivar, recrear y a compartir nuestro acervo cultural, es decir, nuestra memoria como especie, merecen especial atención y cuidado”. Es fundamental que la ciudadanía y quienes están en las instancias de poder y de decisión comprendan que las artes y la cultura son el acervo donde nos reconocemos como seres sociales, entre otras, porque nos conecta con la ancestralidad, con quienes somos y nos muestra de dónde venimos. Y también nos cohesiona, nos da luces para concebir, imaginar y construir un futuro común que nos permite, entre otras, superar las crisis.

¿Cómo cree que funciona un ‘ecosistema cultural’ y cuál es el rol de la institucionalidad dentro de él?

Comencemos por definir el concepto. Esa fue una solicitud de la ciudadanía frente al Plan de Desarrollo y me interesa enfatizar en la potencia del término, por eso voy a hacer una cita. Según Santiago Eraso (2014) el mundo del arte y la cultura puede entenderse como un “ecosistema mucho más complejo que, además de mercancías, produce una vasta y profunda red de experiencias artísticas y creativas, conocimientos científicos y humanísticos, recursos simbólicos y un extenso campo sensible para la experimentación, la curiosidad y la imaginación. Además de bienes comunes, relaciones sociales, intercambio de saberes, costumbres populares, pautas de comportamiento y, sobre todo, herramientas de producción conceptual y tecnológicas para su transformación. No podemos olvidar que la cultura, además de ser lo que nos constituye, es un medio para abrir procesos sociales renovadores e instituyentes”. Por su parte, para Enrique Avogadro (2016), “ecosistema (…) hace referencia a la convivencia beneficiosa de organismos vivos, en un delicado equilibrio que en cultura involucra a los artistas, a los gestores culturales, a los espacios independientes, a los equipamientos públicos, a los emprendedores culturales, a la prensa y la crítica, a la academia y, por supuesto, al público (que cada vez más es también creador, además de espectador)”.

En el ecosistema cultural, las instituciones son responsables de las políticas, articulan, facilitan y trabajan colaborativamente con otros miembros del ecosistema. Por ejemplo, desde el Instituto tenemos la meta de formular cuatro documentos de política pública (Plan decenal de cultura, Plan distrital de lectura y escritura, Plan de Comunicación cultural, y Comisión Fílmica de Cartagena) que serán construidos a partir del consenso ciudadano y con apoyo de las distintas secretarías que coadyuven en el proceso de creación, así como en su aplicación. Así podemos definir una de las dimensiones de la institución dentro en un ecosistema cultural.

Indagando con diferentes colectivos culturales por aparte, coinciden en cuestionar por qué en el Plan de desarrollo no se tuvo en cuenta el trabajo hecho en las mesas de participación ni el acuerdo firmado por el alcalde durante su campaña con diversos actores del sector cultural. ¿Ha considerado alguna reunión abierta con actores de la cultura y el arte en la ciudad para dialogar sobre sus aportes e inconformidades al respecto?

Es importante entender que en un Plan de desarrollo no se pueden insertar todas las demandas que históricamente han sido negadas al sector cultural, porque sería imposible dar respuesta a todo, en tres años y medio, y además sería deshonesto prometer y saber que no se va a poder cumplir. Un Plan de desarrollo tampoco es el espacio para detallar, una a una, las solicitudes que, en cambio sí, pueden estar contempladas en un Plan de acción o en un Plan Operativo Anual. El proceso de construcción del documento implica establecer unas líneas generales de actuación e implica, necesariamente, construir sobre lo construido y adaptarse al presupuesto con el que se cuente, no con el que quisiéramos tener.

Hay que decir, también, que para mí fue muy enriquecedor haber escuchado activamente a la ciudadanía en la sesión de socialización que organizó el Concejo Distrital -a quien le estoy muy agradecida, por cierto, por haber abierto esa otra vía de comunicación con la ciudadanía-. En esa sesión comprendí que la gente de nuestro ecosistema tiene una necesidad legítima de que sus propuestas sean enunciadas, y corroboré que nuestra administración está alineada con esas demandas ciudadanas. Así que, en un ejercicio inmenso de síntesis y de balancear lo ideal con lo posible, junto con gran parte del equipo del IPCC nos dimos a la tarea de articular todo aquello que podía ser incluido y mencionado, porque era importante para la gente. El domingo 24 de mayo, algunas personas que habían participado en el Concejo, me solicitaron una reunión no formal para hablar de las correcciones y accedí a reunirme, y a escuchar nuevamente sus propuestas. Luego, el día 27 hicimos una socialización abierta al público del nuevo documento, lo cual fue algo inédito porque ninguna otra secretaría ni instituto de la administración ha hecho algo similar. Este espacio fue solicitado por la ciudadanía y nuevamente accedimos a hacerlo porque entendimos que debíamos darle la tranquilidad a la gente de que estábamos escuchando de verdad. Por eso te decía antes que el relato de la sopa de letras, o de lejanía de esta dirección parte de una gran desinformación y no se corresponde con los hechos.

Sin duda, el sector cultural ha sido uno de los más afectados por la pandemia del covid  - 19. Ya no es sólo una amenaza sino que acentuó la informalidad, precariedad y falta de recursos que caracterizan al arte y la cultura en Colombia, por décadas el patio trasero de los gobiernos de turno, el último de la fila, el sector que ‘no da votos’. ¿Qué medidas ha tomado el gobierno distrital para ayudar a este sector?

Desde que inició la pandemia hemos puesto todo nuestro empeño, creatividad y amor para intentar apoyar a las artistas y gestores.

Realizamos el envío de base de datos continuamente a Gestión del Riesgo y PES para solicitar apoyo, específicamente a población vulnerable. Esto permitió que 380 artistas de distintos sectores de la ciudad recibieran la donación de mercados que los ayudara a sobrellevar de una mejor manera esta época de escasez.

Creación de base de datos de costureras (disfraces) para elaboración de mascarillas. Enviada a Gestión del riesgo, Apoyo logístico, Dadis, Alcalde, Cooperación Internacional y Fundación Centro Histórico. Gracias a esta gestión, ya se han entregado más de 2.000 tapabocas realizados por las costureras en los sectores de San Francisco y La María. Gestión de la propuesta de los productores de eventos artísticos, de montaje de hospitales temporales y provisión de material logístico y humano para atender la emergencia. Enviada a Gestión del riesgo, Apoyo logístico, Dadis, Alcalde, Cooperación Internacional.

Solicitud formal de apoyo a la Andi de apoyo a artistas urbanos y vendedores informales de productos culturales y artísticos. Creación de un formulario de caracterización de trabajadores y trabajadoras de la cultura (al día de hoy 668 personas). Creación de la convocatoria Estimulante 202. Versión Covid-19 (pionera en el país) para creación, producción y circulación en artes escénicas de acuerdo con los lineamientos dados en el Decreto 475 de 2020, destinando 500 millones para 992 posibles ganadores.

Creación de la convocatoria Estimulante 2020, para todas las disciplinas artísticas, dotada con 700 millones para 181 premios y becas. Creación de la convocatoria Estimulante 2020 “Rompiendo las cadenas. Una canción por Cartagena”, que destina 90 millones para 80 estímulos. Creación de una nutrida agenda cultural y artística para mitigar el impacto psicológico del Covid, durante las primeras 4 semanas.

Búsqueda y publicación continua de convocatorias de Estímulos para artistas y gestores culturales promovida por distintas entidades nacionales e internacionales. Alianza con la OIM, la UTB y la Alianza Colombo Francesa para apoyar traducción de proyectos al inglés y francés que participaran en convocatorias internacionales. Creación de un espacio mensual de interacción con gestores y artistas (locales, nacionales e internacionales) basado en #ResiliArt (UNESCO) para compartir experiencias frente al Covid.

Apoyo en la organización, producción y parrilla de programación de la Donatón 48 horas por Cartagena y Bolívar. Capacitación a los artesanos que hacen parte del Consejo de Área, a través de una alianza con el SENA. Participación en el Laboratorio ciudadano Frena la Curva (México) donde se diseñó un prototipo para atender la necesidad de producción económica de lxs artistas y gestores pero también el sosiego espiritual.

Virtualización del Festival del Dulce, promocionando la venta de las dulceras del Portal y poniendo en valor las manifestaciones tradicionales culinarias de nuestra ciudad. Apoyo al Festival de Orquestas “Que no muera la música en Cartagena”, que busca fomentar las donaciones para los músicos y su cadena de valor.

Antes de la aparición del virus, la cultura ya enfrentaba una situación sumamente difícil por numerosas razones, entre esas la mala gestión del Ministerio de Cultura. Colombia destina sólo el 0.1% del de su presupuesto a la cultura. Hay una campaña nacional que al respecto promueve el hashtag #CuandoEstoAcabe: Cuando esto acabe, hay que acabar con esto. ¿Cómo ‘salvará’ al arte y la cultura el gobierno que usted representa desde el IPCC?, ¿Cómo concibe la ‘nueva normalidad’ del sector cultural?

Nadie, con sus propias fuerzas, puede “salvar” el arte y  la cultura de una ciudad o de un país. Es un proceso que, si se llegare a dar, sucedería en la mediana duración y requeriría del consenso social y del trabajo colectivo, siempre que ello se convirtiera en un objetivo común, como es lógico. Lo que estamos viendo en el inmediato presente es que son el arte y la cultura las que están salvando a la sociedad. No sólo en materia de consumo de música, series y presentaciones artísticas en línea, sino en términos de juegos tradicionales en casa cuando se va la luz, las lecturas en voz alta que adelantan las bibliotecas públicas y comunitarias del distrito en asocio con las madres comunitarias, las canciones, las costumbres alrededor de la tradición oral, por mencionar solo algunas acciones en torno al arte y la cultura que han significado una salvación en medio del confinamiento.

No hay duda de que la cultura después de esta pandemia debe contar con mayor respaldo de los diferentes sectores de la sociedad que, creo yo, debería partir de un reconocimiento social en torno a que, sin ella, no podríamos vivir. Durante estos tres años y medio que nos quedan de gobierno, estamos conscientes de que tendremos que enfocarnos en la gestión y búsqueda de oportunidades innovadoras que podamos co-crear con los trabajadores y trabajadoras de la cultura. Por las soluciones viene en doble vía. No es solo la institución la que propone y posibilita. Parte del cambio de mentalidad tiene que venir de la ciudadanía, que siempre va a la vanguardia de las instituciones y es quien va marcando la ruta. También tenemos claro que hay un problema de fondo y es concebir las artes y la cultura como algo accesorio, un divertimento, en vez de entender que es un trabajo y también aporta al PIB. Desde el IPCC estamos ya enfocando nuestras acciones en hacer visible cuán fundamentales son la cultura y las artes para la vida. Asimismo, vamos a defender las fuentes de financiación de la cultura, siempre que veamos que existe una posibilidad de hacerlo. También estamos desde ya fomentando el acceso, la innovación, la creación y la producción artística y cultural a través de los Estímulos y los procesos de formación que estamos afinando. Nos hemos propuesto apoyar y fortalecer los procesos de información, investigación, comunicación, formación y el emprendimiento. También vamos a invertir en el sostenimiento y el mantenimiento de la infraestructura cultural y vamos a trabajar por la apropiación creativa por parte de las comunidades. Tenemos la intención de generar sinergias que nos permitan contribuir a la protección del patrimonio cultural en sus distintas expresiones y su adecuada incorporación al crecimiento económico y a los procesos de construcción ciudadana. Así mismo nos vamos a enfocar en desarrollar redes de circulación cultural con instituciones culturales (museos, bibliotecas, archivos, etc.). Tenemos mucho por hacer y, también, todas las ganas de poner nuestro granito de arena, siempre con honestidad, trabajo arduo y comprometido, y con mucha pasión.

¿Está de acuerdo en que estas fases de confinamiento y aislamiento preventivo obligatorio han demostrado hasta la saciedad que el arte y la cultura son bienes de primera necesidad?

Como te contaba antes, el 23 de abril le enviamos una carta al presidente de la República solicitando que fuera pionero en América Latina, declarando la cultura un bien esencial para la vida y ofreciendo soluciones concretas para los trabajadores y trabajadoras de la cultura. El pasado 26 de mayo, la Organización de Estados Iberoamericanos publicó un decálogo en que coincidían con esa misma reflexión y con algunos asuntos que también habíamos planteado en nuestra carta. La gran tarea está en que, una vez pase esta crisis, la sociedad entera pueda reconocer el valor de las artes y la cultura, y recordemos que fueron éstas las que nos mantuvieron a flote.

El presidente Iván Duque en su última alocución anunció la apertura de museos y bibliotecas públicas con un aforo máximo del 30 por ciento. En ese sentido, ¿Cómo operará en Cartagena la Red Distrital de Bibliotecas?

Sabemos que, tanto a nivel nacional como local, el sector de los museos ha sido fuertemente golpeado, en especial los privados, por el cierre al público. En estos momentos, el Ministerio de Cultura, organizaciones internacionales como IBERMUSEOS e ICOM y las redes de museos están discutiendo sobre las condiciones de bioseguridad necesarias de cara a una inminente apertura, cuya fecha no es arbitraria ya que dependerá de las adaptaciones que deban hacerse para limitar la asistencia, mantener el distanciamiento y orientar los flujos. Pero también requerirá de presupuesto para ponerse al día en servicios públicos, recursos humanos así como para implementar los protocolos de bioseguridad.

Respecto a la Red distrital de bibliotecas, la noticia ha servido para emprender un diagnóstico inicial para entender el nivel de riesgo por contagio, teniendo en cuenta el monitoreo de casos en la ciudad y la ubicación de cada biblioteca. Esto nos permitirá establecer prioridades y trazar un plan de apertura escalada y situada, con los protocolos de bioseguridad que se requieran. De hecho, ya estamos trabajando en este sentido. Pero nada de esto podrá ocurrir a ciencia cierta hasta no conocer de parte de MinSalud, Mincultura y la Biblioteca Nacional los lineamientos para la apertura de estos espacios, que entendemos se están configurando. Sin embargo, también tenemos claro que Cartagena está en una situación muy compleja y, en ese sentido, habrá que atender a las orientaciones que fije el alcalde. Hasta no conocerlas, toda la oferta educativa y cultural de nuestras bibliotecas continuará a través de la virtualidad, como se ha venido haciendo hasta el momento. Los ya conocidos clubes de lectura de la red de bibliotecas, sus talleres artísticos y culturales, las conmemoraciones, los cines foros, la extensión comunitaria y la atención a los usuarios ahora se han estado adelantando a través de las nuevas tecnologías.

Los coordinadores de las 18 bibliotecas han coadyuvado en la creación y puesta en marcha de actividades digitales pero también analógicas, siempre respetando las medidas de bioseguridad y buscando el fomento de la participación masiva de los diferentes sectores de la comunidad que cuentan con acceso a internet o solo a redes sociales, o incluso las que únicamente tienen servicio de recepción de llamadas. Ello ha sido una prueba de fuego pero la idea es afinar las iniciativas e impactar a más participantes, con particular interés en las zonas donde no hay conectividad, así como en las zonas insulares y los corregimientos.

¿Qué acciones ha emprendido su administración frente a la violación de normas urbanísticas en el Centro Histórico de Cartagena?

A través de la División de Patrimonio Cultural tenemos la obligación de salvaguardar el patrimonio material no solo desde el control de las intervenciones que se realizan sobre los inmuebles del centro histórico, su área de influencia y la periferia histórica, también desde la divulgación y puesta en valor del patrimonio cultural, que es una confluencia de lo material, lo inmaterial y lo natural. Hay que decir que, cumpliendo con las funciones que le han sido otorgadas a la División en el Acuerdo 001 de 2003, ésta ha realizado recorridos y hecho seguimientos a las obras que se encuentran en ejecución para verificar que cuenten con el concepto favorable de la autoridad cultural así como de la autorización de la curaduría urbana. Tenemos en curso algunos procesos sancionatorios. La División también realizado y participado más de 10 conversatorios en estos tiempos de Covid-19, porque es clave hacer pedagogía a la vez que se realizan actividades de control y sanción. Desde estas dos perspectivas, el IPCC ha estado trabajando, con el fin de evitar la violación de las normas patrimoniales y la sanción a aquellas acciones que puedan afectar el Patrimonio histórico y cultural de nuestra ciudad.

Así mismo, hemos venido generando alianzas estratégicas con otras entidades para fortalecer los recorridos y el seguimiento a las intervenciones que nos permitirán ejercer un mayor control de las obras, lo cual redunda directamente en prevenir y evitar violaciones al patrimonio. En ese sentido, se han adelantado reuniones con la Escuela Taller de Cartagena de Indias, el Colegio Mayor de Bolívar y la Sociedad de Mejoras Públicas. Con ésta última celebramos un convenio antes del Covid con miras a identificar los bienes que se encuentran en estado de deterioro. Ello nos permitirá, una vez pasada la pandemia, adelantar las acciones a las que haya lugar para lograr que los propietarios realicen las intervenciones que se requieran. Así mismo, con la Escuela Taller de Cartagena de Indias como con el Colegio Mayor de Bolívar hemos tenido acercamientos, con el fin de fortalecer el seguimiento y los recorridos que se hacen por el centro histórico y su área de influencia. Evidentemente la pandemia nos ha dejado en una situación compleja, pero es nuestra intención continuar adelante con estos acercamientos con tal de fortalecer el control de las intervenciones que venimos realizando a través de nuestra División de Patrimonio Cultural.

NOTA DE LA REDACCIÓN: Las respuestas que envió la oficina de prensa de IPCC fueron enviadas con las X en los plurales. LaChiva.co se somete a las reglas de su manual de estilo donde armoniza, unifica y estandariza los criterios lingüísticos y ortográficos en todos sus textos. Por lo tanto, las X fueron modificadas. Ofrecemos disculpas.

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