La virtualidad, como modalidad educativa a distancia, es la realidad actual de los estudiantes en Colombia. Desde los más pequeños hasta quienes aspiran a posgrados han tenido que adaptarse a esta nueva normalidad de ambientar y acomodar sus espacios personales en improvisados salones de clase, para poder continuar la misión académica desde casa.

Algunas preocupaciones propias de la cotidianidad académica cambiaron, otras aumentaron. Las previsiones ya no se centran en cómo están lustrados los zapatos, si la camisa o el uniforme de los niños están sucios o a quién le toca llevarlos al colegio. Ahora la prioridad son los materiales o útiles escolares, la computadora, el internet, que la energía eléctrica no se vaya -sobre todo en la Región Caribe-, y una trivialidad que se lee mucho en redes, la bulla que forma el carretillero de las verduras con su megáfono a todo volumen en las mañanas. También priman los espacios y ambientes adecuados para salir victoriosos de una clase virtual: ¡Concéntrate! ¡Haz silencio! ¡Sí, ustedes, no hagan ruido! ¡Por ahí no pases que interrumpes! “Profe, ¿me podría repetir la última parte? Es que no escuché porque pasó el señor del plátano”. Estas frases ya son parte de la cotidianidad.

De acuerdo con académicos, la educación virtual tiene algunas ventajas sobre la tradicional como la reducción en costos, comunicación asincrónica, ahorro de tiempo y personalización que, en perspectiva, son factores atractivos. Sin embargo, hay que tener en cuenta el contexto de la pandemia por el covid-19, que empujó casi que la fuerza a que este tipo de aprendizaje se acentuara de forma improvisada y sin preparación. Y aunque sea la única opción viable y esté cargada de buenas intenciones, muchos niños, padres de familia y docentes aún no se acomodan a este método educativo.

Las plataformas digitales que se utilizan, más que enfocadas a la educación virtual, han sido construidas como apoyo o complemento de la educación presencial. Así lo piensa Óscar Naranjo, padre de cuatro niños: “Creo que es un desatino a la necesidad educativa, los colegios no tienen una infraestructura ni condiciones adecuadas para dar una educación virtual. Lo que se está haciendo es más por no dejar caer el sector educativo, pero yo considero que en niños de primaria ese proceso es pérdida, porque los van a pasar a un próximo nivel sin tener la experiencia que necesitaban, no adquirieron los conocimientos suficientes y a los padres les está tocando muy difícil. Muchos tenemos otras obligaciones que cumplir y me parece que muy pocos colegios han podido medio hacer algo que de verdad funcione.”

El sentir de Naranjo coincide con el de otros padres que consideran que aquello ha puesto “cargas extras” al hogar aunque exista una conciencia colectiva sobre los riesgos de las clases presenciales en medio de una pandemia. Estos padres también reconocen el esfuerzo y sobrecargas del otro lado de la pantalla: la de los docentes, a quienes también “les ha tocado duro”. Aprender a manejar plataformas educativas en tiempo récord y enseñar a través de dispositivos digitales, lidiando con los inconvenientes externos, preguntas de padres 24/7 y repitiendo la tarea que hacen como docentes, desde su otro rol: como padres.

Para Mauricio Monroy, padre de Isabella, de 8 años, la virtualidad en medio de la pandemia “Evidenció la falta de preparación. Los currículos, la pedagogía y la forma en la que se realizaban las clases era muy precaria, se notaba la desorganización”. Monroy puntualiza que ha sentido mejorías y que la emergencia ha obligado a estructurar más la formación académica. “Sobre todo en los cursos más pequeños como los de primaria, es mucho más importante la presencia del docente porque hay que explicar mucho. La forma virtual es más como una tutoría y le da cierta autonomía al estudiante para prepararse, pero eso no funciona con los más pequeños”.

Esos “vacíos académicos” sumados a la crisis económica por la pandemia son parte de los argumentos de los padres al solicitar descuentos, rebajas o acuerdos de pago en las mensualidades de los colegios privados. Muchos se quedaron sin trabajo o les redujeron los salarios, por lo que han solicitado realizar acuerdos con las instituciones, la mayoría sin respuesta. También opinan que las escuelas han reducido sus gastos operativos o logísticos, porque lo que ven justo establecer acuerdos o descuentos razonables.

“Hicimos una petición de reducir los costos en la mensualidad teniendo en cuenta que los gastos se reducían en la institución; su parte física, servicios públicos, internet, materiales. Uno asume que debe ser menor el costo de la mensualidad, sin desentender que los docentes están haciendo un esfuerzo y que igualmente merecen su sueldo. Lo solicitamos y no han dado respuesta positiva, pasa en la mayoría de los colegios privados y no creo que sea para este año, pero esperemos que sí para el próximo”, explicó Monroy.

De acuerdo con la secretaria de Educación de Cartagena, desde marzo a la fecha, sólo por medios digitales se han recibido 16 quejas referentes a solicitar intermediación para lograr acuerdos de pago. Estas, de forma independiente a las que llegan a través de la Oficina de Inspección y Vigilancia de la dependencia, unidad que las recepciona de forma oficial. En estos casos la secretaría facilita el diálogo entre padres y colegios privados para llegar a acuerdos de pagos, de acuerdo al bolsillo de las familias. 

También existe el Fondo Solidario para la Educación, anunciado por el gobierno nacional para apoyar en el pago de las mensualidades, desde donde se financiará hasta por seis meses las pensiones para jardines y colegios privados. Este es dispuesto por el ministerio de Educación y administrada por el Icetex, no requiere de codeudor y define los porcentajes de condonación o de pago, de acuerdo con el nivel socioeconómico de las familias: para estratos 1 y 2 se condonará el 100 %; para el estrato 3, el 90 %; y al estrato 4, el 50 % del crédito.

De acuerdo con Fredy Eljach, presidente de la Confederación Nacional Católica de Educación, capítulo Bolívar, Conaced, asociación que agrupa 26 colegios privados de Cartagena, luego de una encuesta, el 92 por ciento de estos padres estuvieron de acuerdo en no regresar a las aulas, pero con la condición de que en las instituciones se garantizara la calidad educativa, y asegura que “Un porcentaje importante está satisfecho con el proceso, y que aunque reconocen que la educación no es igual, hay compromiso y tanto estudiantes como padres, están motivados. Por esa razón ese nivel de satisfacción ayuda a que en un porcentaje también importante, los padres de familia no se nieguen a pagar las pensiones. Y respecto a los padres de familias que han perdido el empleo, nuestros colegios tienen las puertas abiertas para dialogar. Con ellos se ha llegado a acuerdos importantes, como descuentos en las pensiones para que los niños no dejen de recibir sus clases y continúen en el proceso educativo y los padres sientan un poco más de alivio y desaparezca la preocupación”. En paralelo, el vocero de Conaced añadió que, además de la situación de algunos padres, la crisis tiene más caras, la de profesores y colegios, y aseguró que “a los profesores les ha tocado prepararse más, trabajar más, trasnochar, le invierten más tiempo a un trabajo remoto, y los colegios a su vez no reciben todos los ingresos porque aunque algunos padres son muy solidarios con el pago, otros padres no lo están haciendo y eso está trayendo dificultades a las escuelas para cumplir con los salarios, algunos sólo hacen avances de lo que les corresponde a los profesores, porque no les alcanza el dinero para cumplir la totalidad de la nómina”.

De acuerdo o no, así se vive el presente educativo en Colombia, sin contar con los obstáculos que surgen y a los que se enfrentan muchos de los que viven la educación pública, desde donde aparecen otras barreras para acceder al proceso educativo, como la falta de dispositivos digitales o algo tan básico pero esencial como el internet.