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El taxista que quedó atrapado en el paro camionero de Cartagena

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El taxista que quedó atrapado en el paro camionero de Cartagena

El gremio camionero en Cartagena no cede y se mantiene firme en sus reclamos. Hasta la mañana de este jueves ajustó tres días plantado en el Corredor de carga a la altura del peaje Ceballos con los motores apagados y sin permitirle el paso a nadie. Como dicen sus voceros, están en "Asamblea permanente hasta que lleguen a un acuerdo".

Los conductores y propietarios de mulas y camiones de carga pesada le exigen al Distrito y a la Concesión Vial el no cobro en los peajes de Manga y Ceballos, tal y como sucede con los taxis y carros particulares de categorías 1 y 2. Dicen no estar a favor ni en contra de nadie pero la consigna es una sola: Lograr que se levanten las talanqueras para todos los vehículos en general hasta que la Contraloría General de la República, quien levantó toda esta polvareda, resuelva de fondo. El ente de control tiró una bomba aturdidora que tiene a Cartagena ensordecida y colapsada. Y aquí entre nos, parece no importarle en absoluto los efectos colaterales que su 'auto con presuntos hechos y supuestos responsables' generó. Claro, los alcances de ese auto no van más allá de la apertura de unos procesos que por su naturaleza, implican etapas y por siguiente, tiempo.  Lo que no se sabe es cuánto. Y aquí parece que nadie tiene intenciones de dar su brazo a torcer, pues cada quien se siembra en sus razones.

El taxista que quedó atrapado en el paro camionero de Cartagena

Pero en medio de toda esta protesta, que no es precisamente con gente emplazada en un sitio gritando arengas y enarbolando consignas con vallas y pancartas, hay quienes sufren los efectos colaterales del paro camionero.

Cristóbal Echevarría, un taxista de 40 años, quedó atrapado entre decenas de estos colosos de lata sin poder avanzar. Resulta que el pasado martes a eso de las 5 y 30 de la tarde, recogió a un par de pasajeras que iban para Santa Clara, barrio que colinda con Cebellos, justo detrás del peaje bloqueado. El conductor, padre de dos hijas, una de dos y otra de ocho, avanzó por el Corredor en sentido sur y notó que la vía estaba despejada. Cuando llegó al sector de La báscula, desaceleró y sintió que el tráfico fluía normal. Avanzó. Trecientos metros más adelante se topó con la manifestación: Una fila interminable de camiones que cubría el ancho del Corredor hasta los bordes, donde apenas cabe una moto.

El taxista que quedó atrapado en el paro camionero de Cartagena

Cristóbal tenía una opción que no le sonó, desviarse por una trocha angosta que se habilitó para que carros pequeños se fugaran por Ceballos. Cuenta que no quería estropear el vehículo, por eso no se decidió. Pasó el peaje con la intención de irse despacio pegado a la margen izquierda de la vía pero dos tractomulas se lo impidieron, ya estaban parquedas. Hasta ahí llegó.

El taxi no es de él, responde al dueño por una tarifa de 70 mil pesos diarios. Echevarría trató de resolver por su cuenta sin suerte. Ese día los ánimos estaban caldeados en el sector, no había manera de solicitar que habilitaran un corredor para poder salir. El que se quedó se quedó.

El taxista amaneció allí. Llamó a su jefe y le contó la novedad. No hubo problemas, pues ese día casualmente era su descanso. Menos mal. Se aseó en casa de un conocido que vive cerca al sector. Cristobal reside en Turbaco y dejar el taxi tirado no era una opción, sobre todo por los reportes de la policía que daban cuenta de grupos merodeando el Corredor a ver qué veían 'mal parqueado' para robarlo. Se puso la misma ropa y trató de charlar con los conductores a ver qué posibilidades había de mover sus mulas para lograr salir. Pudo avanzar algunos metros, "tu no haces parte de esta pelea", le dijeron algunos que le dieron paso. Hubo un camión que impidió su avance, pues el conductor no estaba dentro. Y así transcurrió su miércoles de descanso. Atrapado en un lío 'ajeno' sin poder llegar a su casa a descansar. Esperando en la incertidumbre, nada más agónico que eso.

Duró en el sitio más de 24 horas hasta que ya entrada la noche llegó el conductor del tractocamión que impedía su pasó, aquel le pidió el favor y este movió su máquina. Hizo lobby con el resto, metro a metro, hasta el último lote. Logró salir. Agotado, llegó a su casa tras dos largos días ausente. La anécdota le queda de experiencia.  Historias que surgen detrás de una historia de airadas protestas, ambas detrás de un volante.

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