Historia de Juan Diego Perdomo Alaba y Evelyn Díaz

Hace unos días la multinacional Clorox anunció que retiraría de la marca Límpido el personaje de ‘Blanquita’, la mujer negra que durante décadas fue su imagen comercial.

De acuerdo con la compañía, la decisión hace parte del compromiso y responsabilidad social de la lucha contra el racismo 'consciente e inconsciente'. “(…) y en un futuro cercano Colombia verá un nuevo look para nuestra confiada marca de Límpido”, dijo Clorox en un comunicado.

Desde hace tiempo, no obstante, está sobre la mesa la discusión sobre los estereotipos que históricamente han sido asignados a la población afro, representados en figuras alejadas del poder o espacios de influencia, y posicionada en otro roles como labores de servidumbre, servicios generales,  vigilancia o asistencia, oficios duros que si bien no carecen de valor, para muchos son discriminatorios cuando se usan para encasillar.

El debate sobre el racismo recobró vigencia y relevancia mundial con la muerte por asfixia del ciudadano afroamericano George Floyd, a manos de un policía, el pasado 25 de mayo en Powderhorn, Minneapolis. Este hecho generó un debate que influyó poderosamente en que marcas como Aunt Jemima y el producto ‘Beso de negra’ de Nestlé, decidieran cambiar la imagen de la mujer negra que los representaba, como un aporte a esta lucha. Lo mismo pasó con el producto Límpido de Clorox, anuncio que desató opiniones a favor y en contra de esta iniciativa.

Un artículo de la revista Vive Afro publicado el año pasado, describe a Blanquita como una mujer afrocolombiana que destacaba la ‘blancura’ con que el Límpido deja la ropa, “es aparentemente una empleada de servicio doméstico quien expone un producto de aseo para múltiples usos en el hogar y es recordada en la televisión por la frases ‘La ropa queda blanquita, blanquita como yo’ y  ‘¡Llamaba mi jeñora!’”. La publicación plantea la problemática de cómo los medios de comunicación como grandes difusores “han generado, ya sea de forma directa o no, una propagación de estigmas. Blanquita es un ejemplo de cómo se ha generado una forma errónea y distorsionada de mostrar a la comunidad afrocolombiana”.

Sobre este debate, LaChiva.co quiso conocer las impresiones de las dos actrices que han encarnado a este icónico personaje. Las contactó y esto fue lo que contaron.

Alicia García García, una lideresa con sensibilidad social

Bregamos para ubicarla pero finalmente lo logramos gracias a la revista digital, Vive Afro. Doña Alicia García es de buen trato, verbo fluido y cordial. Cuando la contactamos nos contó que la cogimos haciendo trabajos académicos porque le "tocó habilitar". Cursa tercer año de Derecho en la Universidad Libre, seccional Cali. Además es licenciada en Educación Preescolar, con una especialización en Desarrollo Comunitario. Como dicen en la calle, más preparada que un ‘kumis’.

"Ser Blanquita me abrió muchas puertas"
Alicia García García

Tiene 56 años. Su figura de matrona del Pacífico impone. Le apasiona el trabajo social y complementa sus actividades laborales y académicas con el liderazgo social de base "para mejorarle las condiciones a mi querido barrio San Marino, en Cali". Tiene una hija y una nieta. Su mamá aún vive. Tiene dos hermanos, ambos deportistas, profesionales y realizados. Uno vive en los Estados Unidos.

Actualmente trabaja como profesional gestor con el operador Construyendo Juntos Nación, que presta servicios al Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, en un programa de garantía de derechos llamado Mi Familia. Le toca viajar constantemente a varios municipios de su departamento.

Con ese acento valluno que antoja un chontaduro con sal y miel, la legendaria intérprete de Blanquita cuenta con fervor que su personaje llegó como una decisión de Dios, por allá en 1988. Resulta que cuando terminó el bachillerato se puso a buscar trabajo y a estudiar teatro. Su hermano era amigo del gerente de mercadeo de la compañía JGB y le llevó su hoja de vida. A los días la llamaron a una entrevista, "No sé si fue porque decía que estaba estudiando teatro, pero en la entrevista me dijeron que si quería hacer un comercial". Fue a un casting, estaba nerviosa. Pero alguien echó un chiste y de inmediato sonrió. Iluminó el lugar, "Mi sonrisa les gustó y me dijeron que me riera, pero yo no podía hacerlo, así que me empezaron a hacer payasadas para que lo hiciera nuevamente". Alicia gustó y encantó. En los dos primeros comerciales de Límpido, no era Blanquita sino Cleotilde, la amiga que desde su casa se sube a una escalera para espiar la ropa que lava Blanquita "y se cae al verla tan limpia". Cuenta que a partir del tercer comercial no volvió a ver a la primera Blanquita, "yo tomé su lugar y desde entonces me convertí en la imagen oficial del producto por más de 25 años hasta el 2014, después entró la otra señora", refiriéndose a Leopolda Rojas Mena, de quien hablaremos más adelante.

La explicación que le dio la empresa para justificar su salida "no me convenció mucho". Le dijeron que vivía muy lejos, que necesitaban contratar a alguien que estuviera más a la mano. Para ese entonces, la también docente viajaba con la marca todos los fines de semana a activaciones comerciales en diferentes ciudades del país, "pero al mismo tiempo estaba terminando mi especialización, entonces no tenía mucha disponibilidad y bueno, la prioridad en ese momento era mi formación profesional más que cualquier cosa, y quizá eso fue lo que influyó en la decisión de no contar más conmigo". Tenía un contrato de exclusividad con un buen sueldo mensual que se renovaba anualmente.

A partir de esa fecha su imagen siguió saliendo en los productos pero con algunas modificaciones para que no quedara tan parecida a Alicia o Blanquita. "No seguí recibiendo remuneración por ello porque en los contratos que firmé se estipuló que todas las fotografías que me hicieran eran de la empresa y podían hacer un uso de ellas", explicó.

Le preguntamos qué opinaba sobre la decisión de sacar a Blanquita de la marca y fue enfática: "Respeto la decisión de Clorox de quitar a Blanquita como imagen de Límpido porque sé que mucha gente no se sentía identificada con el personaje". Pero matiza su posición recordando que con muchos compañeros de la universidad debatieron el tema, pues la cuestionaban por "prestarse para ser Blanquita" conociendo de antemano la carga que eso tenía con relación al racismo, "y puede que tengan razón, pero mi papel como Blanquita también era una forma de reivindicar y valorar a las personas que trabajan en el servicio doméstico que para nada tiene una connotación negativa".

García asegura que en las producciones de las campañas nunca se sintió discriminada, por el contrario "todos me respetaban porque sabían quién era Alicia, una persona echada pa' delante, preparada, superada. Muchos me profesaban su admiración. De hecho mi mamá trabajó en el servicio doméstico y mire, con ese oficio nos sacó adelante a mis hermanos y a mí, hoy todos unos profesionales destacados".

Relata con orgullo y sin ningún atisbo de recato que haber interpretado el personaje de Blanquita le abrió muchísimas puertas y dejó enormes satisfacciones, sobre todo a nivel laboral, "Y debo reconocer que por ser una figura pública me fue más fácil entrar en diferentes espacios porque generaba simpatías inmediatamente a donde llegaba, todos me reconocían y querían tomarse fotos conmigo. Ese personaje además lo he aprovechado para trabajar por las comunidades menos favorecidas de mi barrio; con Blanquita, he conseguido cosas para mis niños en los que colegios que he estado como docente".

Con los años, el personaje de Blanquita evolucionó en los comerciales, comenzó siendo una empleada doméstica y luego una líder de su hogar, dueña de su casa, dando recomendaciones sobre limpieza y ahorro. Al respecto, la futura abogada reflexiona y dice que en vez de retirar a Blanquita de un todo, "se pudieron plantear otras posibilidades, que el personaje evolucionara así como lo hice yo, que comenzó siendo docente y al paso del tiempo se ha ido preparando para nuevos retos profesionales, demostrando que las mujeres negras podemos ser más que una empleada doméstica, que podemos superarnos y avanzar, eso sí se debió estimularse más. Entonces Blanquita sí pudo tener otro rol como profesional y al tiempo ser una ama de casa, autodeterminada, responsable de sí y de su familia".

Leopolda Rojas Mena, la actriz activista

Tan dulce como Alicia. Y tan luchadora. Atenta, afable. Certera. De convicciones fuertes. La vallecaucana Leopolda Rojas, fue Blanquita entre 2014 y 2015. Es docente, maestra en Arte Dramático, activista y especialista en Informática Educativa. Desde niña se radicó en Bogotá con su familia, es apasionada por las artes, ha rodado cuatro películas y ha participado en más de 40 producciones de televisión. Hace cuñas, doblajes, series web y ha recibido reconocimientos a ‘Mejor actriz’ y ‘Mejor montaje teatral´ en los Premios Planeta Afro, en el año 2010.

"Ser Blanquita me abrió muchas puertas"
Leopolda Rojas Mena

Su liderazgo se lo ha ganado a pulso y reconoce que mucha gente se sorprende cuando conoce su hoja de vida y aunque dice sentirse orgullosa de haber sido Blanquita, tiene claro que es mucho más que un personaje y que su preparación y papel como actriz es “interpretar”. Para ella este icónico personaje evolucionó pero “pudo haberlo hecho más”. La primera, aparecía en los comerciales como una empleada encargada de los oficios domésticos, sin embargo cuando Rojas llegó y reemplazó a García en la publicidad para televisión, internet y algunas campañas en sitio, ya el concepto de Blanquita era otro. “En el comercial ella ya tiene su propia casa, había evolucionado e invita a tener experiencias en ahorro con la marca, con Límpido. También hice unas ‘promos’ para internet sobre consejos de ahorro desde la casa. Ya ella era la autoridad en el hogar, en el ahorro, reforzado con la frase: Con Límpido ahorrando y el bolsillo cuidando”.

Desde su trabajo como activista cree que este es un buen momento para romper paradigmas y “estereotipos expositivos. Otras marcas lo han hecho y eso puede servir para generar debates, análisis y que se rompan prejuicios de discriminación. Debemos estar abiertos a los cambios, tomar las cosas del lado positivo y replantearse conceptos”.

¿Les quitaron espacio a la comunidad afro? La actriz piensa -y coincide con Alicia-, que le hubiesen podido apostar a que Blanquita continuara como una señora que estudió, con un cargo importante, con su propia empresa pero que siguiera dando ejemplo y siendo autoridad en el ahorro pues “esas cosas son naturales, una mujer puede ser profesional y al tiempo trabajar en su hogar, igual que los hombres. Además ser empleada doméstica es un trabajo honesto, pero  también es cierto que a los negros se les da menos oportunidades. Yo como actriz puedo decir que si a un afro le dan un papel protagónico o importante en una producción, es porque el libreto así lo indica, no porque a los libretistas se les ocurra, pues en sus pensamientos arcaicos vive la idea de que los afro deben caracterizar a la empleada, el chofer o el de servicios generales”.

“El concepto del comercial de Blanquita es racista”: Javier Ortiz

El doctor en Historia y escritor valduparense, Javier Ortiz Cassiani, hablole con LaChiva.co y explicó que promocionar un blanqueador a través del uso de una mujer negra, empleada del servicio y además con el nombre de 'Blanquita', es reproducir todos los estereotipos, y eso no necesita mayor análisis”. Acota que si no hubiera una tradición de exclusión, “de discriminación a las personas negras que tienen como punto de partida la diáspora forzosa africana, seguramente no habría mayor problema. Pero ahí lo que está detrás son unos aprendizajes y un juego que usa el estereotipo para la promoción de un producto comercial”.

El autor del libro El incómodo color de la memoria, ejemplifica que “Seguramente sería inaceptable en estos tiempos el uso de la imagen de una persona judía en un campo de concentración para promocionar pelucas o cualquier otro tipo de artefacto relacionado con lo que a ellos fabricaban en esos lugares. De modo que cualquier intento por acabar con ese tipo de expresiones que siguen perpetuando una realidad que se debe transformar está bien”.

"Ser Blanquita me abrió muchas puertas"
Javier Ortiz

Como conclusión, deja una reflexión importante que aporta al sano debate, dice que la cosa se vuelva compleja cuando quien ejerce esa condición lo hace como un trabajo, como parte de sus actividades laborales, “Seguramente al chico negro que disfrazaron de esclavo en la vitrina turística de la Anato se estaba ganando unos pesos que debían servirle mucho, pero de allí a que eso esté bien o que contribuya a la significación de una persona o colectivo hay un largo trecho”.

Juan Diego Perdomo Alaba
Comunicador Social y Periodista de la Universidad de Cartagena. Consultor en comunicaciones digitales, estratégicas y de gobierno.