Por: Juan Diego Perdomo Alaba

Ayer me repetí la ovacionada película 'Dallas Buyers Club' o 'El Club de los desahuciados', y la vi diferente, con los ojos de esta pandemia maldita; la interpreté de una manera distinta. La asimilé sobre la base del contexto, de esta emergencia nefasta que cada día se nos convierte en un zombi al acecho, lento, medio torpe y ciego pero cada vez más cerca, esperando que asomemos cabeza para tirarnos el mordisco.

Esta película nos sitúa en el 1985, una década difícil para la ciencia en la que el VIH - sida empezó a golpear a la población homosexual gringa, pillando a la medicina con los calzones abajo y sin capacidad de reacción. Aún no existía tratamiento para un virus mortal y desconocido. Y tal como ha pasado con este nuevo coronavirus, muchos líderes políticos en su momento desestimaron la enfermedad, incluido el presidente Ronald Reagan, llegaron a declarar estupideces como que el sida era un 'castigo divino' para la comunidad gay por su "forma de vida". No me imagino a Bolsonaro gobernando en esa época.

En esos primeros años, concretamente en 1982, se escuchó por primera vez la palabra sida pero poco de supo del virus que lo causaba, el VIH. No existían medicamentos antirretrovirales (ARV) para tratar esas infecciones o las enfermedades asociadas al sida.

Al tiempo los científicos comprobaron que el antirretroviral AZT – medicamento formulado inicialmente contra el cáncer– lograba detener la progresión del virus y daba unos meses extra de vida a una enfermedad que por entonces mataba a sus víctimas. Pero tal como nos muestra el film, los efectos secundarios del fármaco eran devastadores. Todo estaba en fase de prueba y ensayos clínicos y solo se le administraba a unos pocos pacientes.

El sida como el covid-19, generaba miedo. Hubo entonces una gran tensión social por la fuerte ola discriminatoria que generó entre la población infectada. De hecho, muchos médicos se negaban a tratar a los pacientes positivos.

La falta de información, la ineficiencia de las autoridades sanitarias, la precariedad de la atención médica y la ausencia de un tratamiento efectivo para enfrentar los efectos de la enfermedad, obligó a que muchos pacientes estudiaran e investigaran por su propia cuenta sobre el virus para poder paliar sus efectos, así comenzaron a automedicarse para ganarle un poco de tiempo a la muerte, finalmente la fatalidad ya estaba escrita, no tenían nada qué perder y sí meses por vivir.

Dadis, covid y el 'Club de los desahuciados'
Dallas Buyers Club

Así fue como Ron Woodroof, el protagonista de la película, que interpretó magistralmente el ganador del Oscar, Matthew McConaughey, se cansó de ver cómo gobierno y farmacéuticas jugaban con su vida. Viajo por el mundo buscando alternativas médicas y creó un club de compradores de fármacos. En ese momento, las terapias alternativas o experimentales se convirtieron en la única solución para tener una calidad de vida digna.

Y así pasa con el coronavirus, sobre todo en Cartagena de Indias, donde no hay información concreta, clara y veraz sobre cómo se comporta el virus en la ciudad. La comunicación de riesgo es nula. Las autoridades sanitarias están más pendientes del 'like' en Facebook y la aprobación popular, que de ordenarle a las EPS que mejoren los canales de comunicación con sus usuarios, aquellos que contraen el virus y que sobreviven a él sin saberlo porque se cansan de solicitar una prueba sin tener una respuesta. Y si la hacen -¡Aleluya, gloria a Dios!- se la entregan, como dice mi mamá, cuando ya no servía. Ya para qué. 20 días y hasta 1 mes después.

La directora encargada del Departamento Administrativo Distrital de Salud -Dadis-, Johana Bueno insiste en vender una apariencia de control de la emergencia, generando una falsa sensación de normalidad que, como le leí a Félix de Bedout haciendo una crítica en el mismo sentido pero hacia el gobierno nacional, "hace que se pierda respeto a la dimensión de la emergencia que se está enfrentando".

Hace un par de días, a la funcionaria se le ocurrió convocar desde su Facebook a la sociedad civil a una mesa de concertación "para que hagan sus aportes a la emergencia", como quien dice, para que no me jodan más la vida. No sabe ella -o lo sabe y lo omite- que existen unas responsabilidades institucionales que no se pueden pasar por alto; no se trata de convocar a los que 'tanto joden', sino que los que joden acuden al que decide, precisamente porque tiene las competencias para ejecutar y ejercer liderazgo y autoridad en la materia.

El Dadis, en sus piezas informativas, nos invita a no automedicarnos. Explica que el coronavirus no se cura ni se evita con medicamentos milagrosos, remedios caseros, naturales o químicos. "¡No te dejes engañar!", dice. Pero, ¿Quién nos engaña cuando cientos llaman angustiados al Dadis pidiendo ayuda por que su EPS no le responde por la prueba diagnóstica?, ¿qué hacer cuando una familia entera tiene los síntomas y ni la EPS, ni el Dadis ni su directora acuden al llamado angustioso? Conozco y doy fe del testimonio de centenares de casos de personas que se quedan en el intento de lograr una asistencia en salud que nunca llega por parte de su prestadora. Aquí relato uno de tantos. 

Nos toca entonces por cuenta propia. Como en el 'Club de los desahuciados'. Frente a la desatención, ineptitud e indiferencia de las autoridades, cualquier humano con 40 grados de fiebre y con sensación de ahogamiento busca una alternativa, acude a un tratamiento que enfrente los síntomas, de por sí molestos, alarmantes. Sentido común, sobrevivencia. Entonces, hacemos una vaca para la prueba PCR y buscamos un médico particular que nos recete un tratamiento para aliviar los efectos del virus y haga seguimiento constante.

Lo confieso, tengo mi protocolo personal y mi propio club con algunos conocidos, por si algo le llegara a pasar a mi mamá, a mi hijo o a mí, porque no confío en el gobierno nacional, ni en Famisanar y mucho menos en el Dadis: Un rubro para las pruebas diagnósticas, llamar al doctor Álvaro Cárcamo, para que nos trate médicamente y comprar Ivermectina, no es la bala de plata contra el virus pero es una droga noble que debe ser suministrada bajo supervisión médica. Ha dado resultados en gente cercana que lo ha tomado y aunque no existe ningún estudio clínico en humanos que permita decir que tiene utilidad en el tratamiento del covid, son múltiples los testimonios satisfactorios. ¿Y por qué no?, ¿muero entones con el celular en la mano esperando a que ahí si venga el Dadis con una bolsa de cadáveres para después reportarme como un número más en la extensa cifra de decesos que se ha cobrado este bicho esquizofrénico?

Insisto, la atención primaria es importante, pues no se trata sólo de tener más ucis, sino que no tengamos que llegar a ellas. Muchos se están quedando literalmente ahogados en el intento de acudir al sistema de salud. Urge que las autoridades sanitarias locales refuercen y optimicen sus canales de atención, realicen gestión y seguimiento permanente frente a las quejas sobre EPS negligentes y fortalezcan la atención primaria con muchísima capacidad de salud pública para la identificación, rastreo de casos y el respectivo cerco epidemiológico por caso positivo.

En el Valle y su capital lo están haciendo con mucho acierto. Jorge Iván Ospina, el médico alcalde, está en esas. Privilegia la atención primaria y domiciliaria. Confía en la Ivermectina y en los tratamientos alternativos en casa que eviten llegar a uci. Inclusive ya se están haciendo ensayos clínicos con ese antiparasitario para comprobar su efectividad. Y con la gobernadora Roldan, están presionando por todos los frentes a las EPS para que le respondan a la gente y aceleren los procesos médicos y las pruebas diagnósticas. Dos líderes operativos que no se sientan al frente de un computador a culpar de la emergencia a la ciudadanía en redes, dos dirigentes que frente a las dificultades ejercen verdadera autoridad.

Jorge Iván Ospina
Jorge Iván Ospina

A propósito y por último, un fragmento del testimonio del profesor Andrés Abello López, sobreviviente covid, donde resalta la "Ineptitud de Cajacopi y el Dadis, respecto a la prueba de isopado ¡Que nunca me la hicieron! Bueno, me la hicieron el 25 de junio pero todavía sigo esperando el resultado. Eso significa que existe ineptitud y me reitero en eso". 

Juan Diego Perdomo Alaba
Comunicador Social y Periodista de la Universidad de Cartagena. Consultor en comunicaciones digitales, estratégicas y de gobierno.