Por: Rodolfo Díaz Wrigth*

La parafernalia, el show mediático y todo el despliegue de tonterías, realizadas por el Gobierno colombiano para la llegada, transporte y aplicación de 50 mil dosis de la vacuna contra el covid - 19 y que nos ubica en el primer lugar entre los países más lobos del mundo, contrasta con la seriedad, la planeación y la organización con que Chile se aproxima a sus 3 millones de inoculados.

En tan solo tres semanas, el país austral ha logrado posicionarse con la quinta tasa de vacunación más alta del planeta, con 12.3 vacunados de primera dosis, por cada 100 habitantes, al lado de Israel, Emiratos Árabes Unidos, El Reino Unido y Estados Unidos. A este ritmo, no hay duda que para finales de marzo alcanzarán la cifra de 5 millones de inmunizados y, para mediados de año, la increíble meta del 100% de vacunados, cuando se hayan aplicado las 38 millones de dosis, que desde hace rato tienen a buen recaudo, en las Santa Bárbaras de la planeación y la gestión silenciosa, pero efectiva, del Dr. Enrique París, ministro de Salud del presidente Piñera.

Hace tan solo nueve meses, junto con Perú, Chile había alcanzado la tasa de contagios más alta de mundo, de acuerdo con las estadísticas de la Universidad de Oxford. Pero los chilenos aplicaron aquello que: “cuando hay problemas no se llora y mucho menos se hacen shows. Se planea”. Utilizando la ventaja de ser uno de los países en América Latina mejor posicionados para hacer negocios, definieron una estrategia multifrente a través de la cual adquirieron tres paquetes de dosis de vacunas con cada uno de los tres laboratorios que trabajaban en el desarrollo del inmunizante: 10 millones de dosis a Pfizer/BioNtech; 10 millones de Sinovac, y las restantes hasta completar 38 millones a Covax (OMS), Johnson & Johnson y AstraZeneca.

Como en el viejo cuento del viajero al que todo el mundo le hacía encargos, sin darle el dinero, los chilenos adelantaron los pagos por lo que solicitaban y fueron los primeros en pitar. Fueron los primeros en recibir las dosis pagadas y para complementar su gestión estratégica, se dedicaron, durante la espera, a convertir todo espacio público disponible y utilizable en puesto de vacunación: parques, colegios, salones comunales, universidades, plazas, consultorios y, desde luego clínicas y hospitales, fueron debidamente adecuados. Hoy con sus más de 3.500 puestos perfectamente dotados, aplican un promedio de 165.000 dosis diarias, que explica el porqué de tan asombrosas e impactantes cifras de nuestros callados y humildes vecinos. El plan de vacunación es tan prolijo y seriamente estructurado, que el propio presidente Piñera concurrió el viernes 12 de febrero, hizo su cola y se vacunó como cualquier parroquiano, el día dispuesto para las personas, en condiciones normales, con 71 años de edad.

Aunque le moleste a un reducido número de colombianos, de vez en cuando es necesario que hagamos este tipo de comparaciones que, a primera vista, pueden parecer odiosas, pero que en realidad solo vienen a mostrar el estado de postración administrativa y de liderazgo, que padece nuestro país y nuestra dirigencia. La situación colombiana fue prevista por analistas y observadores y al comprobar el pésimo manejo que se le estaba dando a la pandemia y su control, fue unánime el pronunciamiento en el sentido de que se trataba de una treta de malos gobernantes. Exactamente la estrategia número dos, que consiste en generar problemas, para luego aparecer como salvador ante la protesta y el sufrimiento de pueblo. El show de caravanas, selfies, y videos frívolos, no es más que el reclamo de vítores, que exige el superhéroe vencedor. Como decía el filósofo santandereano: La embarran y luego se bañan con el barro.

No es de extrañar entonces, que a tan solo dos años largos de iniciado el gobierno, ya se esté revolviendo el cotarro político territorial, en el que parece que, finalmente, los exgobernadores y los líderes regionales, van a asumir la posición histórica que les corresponde, en la lucha sin cuartel y a ultranza, en procura de lo que nos pertenece.

Posdata: Desde lejanas tierras se escuchan los lamentos de náufragos de los pobres habitantes de la Fantástica y se observan las aspas de luces de los faros de la desgracia, que han sentado sus reales sobre la Heroica. El déspota alucinado continúa dando palos de ciego, mientras una pequeña parte de las barras aplaude y la otra se retuerce irritada, pero impotente ante el espectáculo.

  • Abogado e Ingeniero. Exalcalde designado de Cartagena.